Ganar a cualquier precio: La gestión del riesgo

“Ganar a cualquier precio”, es una afirmación con la que muchos de ustedes estarán de acuerdo y otros muchos dirían la famosa frase que utilizan los economistas para todo: “Bueno, depende de…”

En muchos aspectos de nuestra vida nos podríamos encontrar con situaciones dónde queremos ganar, ¡¡necesitamos ganar!! ya sea por demostrar algo a alguien, a nosotros mismos, o incluso para continuar alimentando nuestro propio ego. Sin embargo, hay una línea que, aunque queramos ganar, no podemos cruzar, o no deberíamos cruzar. Cada individuo marca la suya, y dependiendo de donde la marque, le define como persona.

Un ejemplo sería, en el mundo del deporte, querríamos ganar a cualquier precio a nuestro eterno rival. En este caso la coletilla “a cualquier precio” puede ser más abstracta y distinta en cada persona, dependiendo del grado de fanatismo de cada uno.

Si hablamos de inversiones, el querer ganar a cualquier precio, implica muchos riesgos, seguramente semejantes a los del ejemplo anterior, pero con consecuencias mucho más graves para nuestra economía. Aquí la coletilla “a cualquier precio”, es literalmente medible y cuantificable.

En algunos ejemplos, podríamos discutir si asumimos los riesgos de manera impulsiva o improvisada, pero en nuestras inversiones no nos podemos permitir el lujo de asumir más riesgos de los que podemos aceptar.

Si lo que nos importa es ganar un partido de fútbol, poniendo un ejemplo deportivo, alguien podría pensar que la mejor estrategia sería jugar con un once titular formado únicamente por delanteros y atacar constantemente. ya que gana el partido el  equipo que más goles marca. ¿Por qué no se hace eso en el fútbol profesional?, por qué hay riesgos que hay que gestionar. Una pérdida del balón, una falta o un contraataque.

En el campo de inversiones, para ganar y ganar mucho, seguramente una opción sería componer una cartera con una “Beta” superior a la del mercado de referencia, o que maximice a la de su benchmark. Entiéndase “Beta” cómo el % que varía de más o de menos la rentabilidad de la cartera, si la comparamos con la evolución de nuestro índice de referencia o benchmark.

– Si Beta < 1 – implica una variación de la cartera inferior al benchmark.

– Si Beta = 1 – implica una  Variación de la cartera igual al benchmark.

– Si Beta > 1 – implica una  Variación de la cartera mayor al benchmark.

Es decir, si escogemos la opción de jugar el partido de fútbol únicamente con delanteros, seguramente estaríamos hablando de una beta > 1 con lo que pueden ocurrir dos cosas: Si los delanteros están acertados, ganaremos el partido por goleada y saldemos en las portadas de los periódicos, pero en caso contrario, sufriremos y mucho.

Sabiendo que el equipo más goleador es el ganador, jugar todos los partidos de la liga con once delanteros, independientemente de la situación, rival o clasificación, conlleva importantes riesgos e infinidad de situaciones a gestionar.

Los que saben leer entre líneas ya se habrán dado cuenta que, ganar mucho dinero en un momento puntual, no nos garantiza el éxito de una estrategia de inversión en el largo plazo.  

Necesitamos controlar todos los riesgos y gestionarlos de manera activa para minimizarlos ante una situación desfavorable. En nuestro ejemplo deportivo, marcar muchos goles no garantiza ganar el partido, ni mucho menos, ganar la liga, ya que el secreto no es sólo marcar goles, sino intentar que el equipo contrario no nos marque un número mayor de goles.

 

En la composición de una cartera de inversión, podríamos encontrar un paralelismo con el fútbol, ya que necesitamos delanteros que marquen goles, (inversiones de convicción) pero también centrocampistas para que controlen el juego o la “volatilidad” (inversiones CORE) y defensas que, en caso de ser necesario, ayuden a que no nos marquen goles, “compensadores de riesgo” (inversiones tácticas).

 

En Ginvest tenemos la ventaja de ser una gestora independiente y poder seleccionar  los mejores fondos (o jugadores) de todo el mundo y crear nuestra propia cartera (o equipo).

Como ya hemos comentado en el artículo de “Un nuevo amanecer”, en Ginvest somos grandes defensores de las metodologías y construimos nuestras carteras siempre bajo 5 principios de inversión. Otro hecho relevante que siempre caracteriza nuestras carteras, es la gestión del riesgo.

Como gestores, el control del riesgo es imprescindible, ya que evitamos que una pequeña parte de la cartera nos volatilice las ganancias conseguidas por la otra parte de la cartera. Básicamente, siguiendo nuestro ejemplo, estaríamos hablando de evitar que, por querer marcar 1 gol, el equipo contrario nos marque 2 goles.

Teniendo claro qué queremos controlar, (la posesión de la pelota y el centro del campo) construimos nuestras carteras con un mínimo del 60% de cada vértice de renta variable invertida en la parte “CORE”.

– En la parte “CORE”, incluimos fondos que de manera consistente sean capaces de mejorar (o como mínimo de replicar) la rentabilidad del benchmark. Así conseguimos mantener la volatilidad en el corto plazo y conseguimos mayor estabilidad y consistencia en el largo. Si no conseguimos encontrar fondos de gestión activa que consigan esa consistencia, incorporamos fondos de gestión pasiva. Aquí buscaríamos el componente Beta del mercado.


El 40% restante de la cartera la invertimos en la parte “SATÉLITE”, la cual está subdividida en “CONVICCIÓN” (Delanteros, con la intención de que marquen muchos goles) y “TÁCTICA” (Los defensas y refuerzos que incorporamos en el equipo para poder jugar mejor en momentos concretos).

– En la parte “CONVICCIÓN”, incluimos fondos con mayor dispersión frente al benchmark y con mayor volatilidad en el corto plazo. Normalmente, ese aumento de la volatilidad viene dado por su concentración en cuanto a compañías, pero nos suele compensar en el largo plazo con una mayor rentabilidad.

– En la parte “TÁCTICA”, incluimos aquellos fondos que, por el contexto actual de mercado, ya sea en el corto o medio plazo, puedan aportar valor. Esta parte está más ligada a la coyuntura cambiante del mercado.

 

En esta parte “SATÉLITE”, que acabamos de definir, buscamos aportar “alpha” en la cartera.

El “alpha”, se define como el diferencial de la rentabilidad obtenida por un fondo o una cartera, respecto a la que podría haber conseguido su benchmark con la misma cantidad de riesgo.

 

Esta construcción de cartera, (o de equipo) no nos garantiza el éxito, pero nos permite medir y cuantificar los riesgos, ayudándonos a gestionar activamente las carteras de nuestros co-inversores, bajo nuestra perspectiva, con la mejor estratégia posible.

 

 

Jordi Suñer Borrat

Gestor d’inversions