VISIÓN DE MERCADOS MAYO 2025
El mes de abril estuvo marcado por el “Liberation Day”, fecha en que Trump desató una guerra comercial contra el mundo global.
Anunció una subida histórica de aranceles a los bienes importados a EE.UU. desde todos aquellos países con los que mantiene un déficit comercial, con tarifas que van desde un 10% como base hasta un 145% para China. Su objetivo: eliminar el déficit comercial mediante una política más proteccionista y un repliegue de EE.UU. del escenario internacional.
Aunque posteriormente Trump matizó estas declaraciones, anunciando una pausa de 90 días para dar margen a negociaciones, el daño ya estaba hecho. China respondió con un arancel del 125% a productos estadounidenses. Además, Trump impuso un arancel del 25% al sector del automóvil y al acero, dejando otros sectores pendientes como semiconductores o farma.
Los indicadores macroeconómicos publicados con datos de abril ya mostraban un deterioro en la confianza del consumidor estadounidense y en las expectativas empresariales. También los indicadores adelantados en Japón, China o Europa alertaban de una posible desaceleración ante el impacto negativo de estos aranceles. Para mitigar los efectos, los países fuera de EE.UU. buscaron aumentar el gasto interno, anunciando estímulos al consumo y políticas monetarias o fiscales más expansivas. Ejemplos de ello serían el “Buy Canadian” en Canadá —clave en la victoria de Mark Carney como primer ministro— o el plan fiscal alemán y la política monetaria expansiva del BCE en Europa. También Japón y China anunciaron medidas de estímulo, al tiempo que se intensificó la búsqueda de acuerdos comerciales entre países excluyendo a EE.UU.
En cambio, en EE.UU. estas medidas tendrán efectos adversos: mayor inflación (al consumir más de lo que produce, el consumidor pagará más, tanto por bienes importados como por productos nacionales que utilizan materias primas extranjeras) y menor crecimiento (debido al parón inversor por la incertidumbre). Incluso se anticipa un posible desabastecimiento en el corto plazo.
El FMI recortó las previsiones de crecimiento global en un 1,5%, situando a EE.UU. entre los países con peor proyección para 2025.
En los mercados financieros, el impacto fue inmediato: el S&P 500 se desplomó casi un 5% al día siguiente del anuncio, y gigantes como Meta, Apple y Amazon cayeron hasta un 9%, borrando más de dos billones de dólares en capitalización bursátil en una sola jornada.
La volatilidad alcanzó niveles no vistos desde la crisis financiera global. El VIX, conocido como “el índice del miedo”, tocó máximos de los últimos 20 años, y la prima de riesgo de la deuda estadounidense se disparó. El oro volvió a posicionarse como el refugio por excelencia.
Más allá del momento coyuntural, el movimiento refleja una tendencia estructural: la pérdida de hegemonía del dólar.
Desde 2016, su peso en las reservas globales ha caído del 65% al 57%, mientras los bancos centrales aumentan sus reservas en oro, como activo independiente de cualquier Estado. Este resurgir del oro es síntoma de un nuevo desorden monetario internacional.
A medida que avanzó el mes, los mercados se estabilizaron y cerraron casi planos. El S&P 500 terminó con una rentabilidad mensual del -0,68%, el Nasdaq subió un 0,88% y el Dow Jones industrial cayó un -3,08%. Japón cerró con un +0,36% y el índice MSCI Emerging Markets con un +1,04%, apoyado por países latinoamericanos como México y Brasil, menos perjudicados por la imposición de aranceles recíprocos.
En renta fija, el bono a 10 años estadounidense alcanzó el 4,6%, tras empezar el mes por debajo del 4,2%. La volatilidad se concentró en los tramos largos, especialmente en EE.UU., por la incertidumbre sobre el impacto real en crecimiento e inflación. En cambio, los bonos a corto plazo se comportaron mejor, al mantenerse estables ante la pausa en los tipos de interés de la Fed, que espera nuevas evidencias para tomar decisiones.
Sin embargo, si los tipos largos alcanzaran niveles del 5%, las promesas electorales sobre vivienda, construcción industrial o compra de automóviles serían inviables.
En Europa, el BCE volvió a bajar los tipos hasta el 2,25% para estimular la economía, al igual que algunos países emergentes como India.
En crédito, el aumento de la probabilidad de recesión en EE.UU. provocó una huida inicial hacia deuda pública de calidad. No obstante, a finales de mes, los mercados de crédito ya mostraban signos de recuperación.
El dólar también se vio afectado por las políticas proteccionistas, ante el temor a una recesión inminente, en un contexto donde la inflación vuelve a cobrar protagonismo, especialmente en EE.UU.
Y ahora, ¿qué podemos esperar?
El programa electoral de Trump se basó en cuatro promesas que busca cumplir: aumento de aranceles, deportaciones, rebajas fiscales y desregulación.
Empezó por las dos primeras, ya que el aumento de aranceles junto con los desmantelamientos promovidos por el DOGE y la salida de organismos internacionales incrementaría los ingresos. Con ellos podría hacer frente a la tercera promesa: rebaja fiscal sin tener que incrementar la deuda.
Sin embargo, las turbulencias que han causado estos movimientos están obligando a Trump a desescalar y a negociar rápidamente acuerdos. Posiblemente, al final los aranceles se mantendrán, aunque más moderados. Estos, al actuar como un impuesto al consumo, en un principio van a conllevar:
En EEUU
- Aumentará la inflación al tener que trasladar las empresas este aumento de precio al consumidor final si no quieren reducir sus márgenes. Walmart, Target, Shein o Temu ya lo han confirmado.
- Ello va a reducir el gasto del consumidor, sobre todo las clases más bajas, con compras de productos que tienen menos margen para poder amortiguar la subida de costes. Conllevará mayor descontento y desigualdad social.
- Las empresas que, ante esta incertidumbre, han desestimado o pausado proyectos de inversión, lo que significa menor crecimiento económico. Los resultados empresariales de las empresas del primer trimestre 2025 ya constatan este impacto en sus previsiones, evitando dar previsiones ante tanta incertidumbre, por lo que a los beneficios esperados aún les falta sufrir los ajustes. Además, la imprevisibilidad en cuanto a aranceles también está conllevando disrupción en la cadena de suministro. La sustitución de bienes fabricados fuera hacia bienes nacionales necesita un tiempo, por lo que puede darse desabastecimiento.
- Sin este tema solucionado, con avances menores de los esperados por parte de DOGE y unos indicadores adelantados que muestran contracción de la economía americana, Trump tendrá menos herramientas para poder financiar su política de rebajas fiscales. Ya hay dudas sobre la sostenibilidad de la senda presupuestaria americana y tensionamiento en las condiciones financieras. La política fiscal será contractiva en un inicio, dado el menor gasto público y la subida de impuestos arancelarios.
- En una América menos globalizada, las empresas tendrán más dificultades en encontrar más crecimiento.
Global ex EEUU
Los aranceles reducirán el crecimiento global, pero los países lo compensarán con diversas medidas para estimular el interno:
- Políticas monetarias más expansivas: disponen de margen para poder reducir tipos de interés y así impulsar el crecimiento. En estos dos meses ya han rebajado tipos Europa, UK, India o China.
- Políticas fiscales también expansivas, como ya estamos viendo en Alemania o China. También Japón, India, Corea del Sur… están llevando medidas para estimular el crecimiento interno.
- Esta desglobalización impulsada por un EEUU que se aísla del resto del mundo está comportando cambios en los flujos comerciales entre países y, con ello, la búsqueda de nuevos acuerdos entre ellos. Ejemplos serían el inminente acuerdo entre India y Europa, o las reuniones que se mantendrán en breve entre Europa y China para que el excedente chino no se desvíe a Europa.
La excepcionalidad americana se está cuestionando. La fenomenal evolución de la economía americana en los últimos años ha sido resultado de un gasto gubernamental insostenible que insufló ingente cantidad de liquidez en el sistema y de la búsqueda de una maximización de beneficios a través de una manufactura barata importada.
EEUU se apropió de los beneficios de la globalización y ahora busca externalizar los costes de esta. Además, ahora, al adoptar una mentalidad más belicista y proteccionista, sacrifica esta producción a menor coste en aras de la “seguridad nacional”.
La financiación de este cambio deberá venir del sector privado, ante el desmantelamiento hecho por el DOGE y el ingente nivel de deuda del gobierno. Esta transición de lo público al sector privado, en el corto plazo, puede conllevar volatilidad, aunque debería verse estimulada por las dos últimas promesas de la campaña electoral: desregulación y rebaja fiscal. En el largo, es positiva.
Tampoco debemos olvidar el auge de la inteligencia artificial, principalmente en EEUU, que conllevará una ventaja competitiva, manteniendo así parte de esta excepcionalidad.
Posicionamiento Asset Allocation
Ante esta falta de visibilidad y la incertidumbre reinante, la prudencia y una correcta diversificación suman al no concentrar el riesgo en una sola clase de activos o en una región específica. Ayuda a reducir riesgos frente a la excesiva concentración de la gestión pasiva.
Renta Fija
En el universo de la Renta Fija, donde actualmente incluso en los plazos más cortos se consiguen rentabilidades interesantes, preferimos sobreponderar los plazos muy cortos en emisiones de crédito.
Dan una buena rentabilidad sin riesgo, en un entorno donde el riesgo de impago está en mínimos históricos. Una pequeña parte está en posiciones con duraciones largas en deuda soberana global: más volátil en el contexto actual, pero que puede servir como protección ante peores datos de crecimiento global.
Deberemos ser selectivos regionalmente, dado el aumento de políticas fiscales expansivas y mayores emisiones de deuda globales que pueden afectar negativamente al activo, así como a las políticas monetarias expansivas, que, al contrario, beneficiarían al activo.
Renta Variable
EEUU: Frente a la huida del ahorro europeo hacia EEUU estos últimos años, alimentando la concentración en EEUU vía la gestión pasiva, con Trump de presidente se ha dado lo contrario: la entrada a Europa buscando reducir exposición a EEUU. Sin embargo, si Trump rebajara tensiones o consiguiera aprobar parte de su paquete fiscal, se volvería a impulsar el apetito por el riesgo y, en especial, la Renta Variable americana.
Europa: Para las bolsas europeas, la posibilidad de reformas estructurales, políticas fiscales acomodaticias, menores tipos de interés y los flujos de capitales están teniendo un impacto inicial positivo. En cuanto a las negociaciones en curso, si bien es cierto que Europa tiene déficit comercial de bienes con EEUU, mantiene superávit de servicios al ser un gran importador de servicios americanos, con lo que podría tener cierta capacidad de represalia.
En cuanto a factores negativos, la estabilidad política de la primera economía europea, Alemania, genera dudas por si no es capaz de transmitir una imagen de liderazgo sólida en un momento en que Europa necesita un liderazgo estable y fuerte para hacer frente a los nuevos retos. También la posibilidad de que China inunde Europa con su exceso de producción no vendido a EEUU, perjudicando por sus menores precios a la industria europea.
China: Sigue adoptando estímulos fiscales y monetarios para reforzar el consumo interno. Con la hoja de ruta “Made in China 2025”, las grandes tecnológicas chinas han emergido como grandes competidoras de las americanas gracias a la adopción de una estrategia nacional con el objetivo de convertir a China en líder mundial en determinados sectores como son la tecnología, IA o vehículos eléctricos. La innovación como motor económico de crecimiento a largo plazo.
Las negociaciones con EEUU deberían dar un resultado positivo. Debemos recordar que actualmente el 70 % de países tiene una mayor cuota de comercio con China que con EEUU (teniendo en cuenta que dentro de este 30 % restante, una gran parte se debe a México y Canadá).
Resto Asia: Niveles sólidos de expansión económica, inflación bajo control, economías saneadas con posibilidad de adoptar políticas monetarias y fiscales para estimular y centrarse más en el crecimiento interno.
A destacar India por ser un mercado más grande y diversificado.
Japón: El aumento de salarios conlleva aumento de poder adquisitivo. Una mayor inflación y unos mayores estímulos están llevando a una mayor disposición al consumo después de años de ahorro.
Además, de las reformas empresariales llevadas a cabo por el gobierno. Todo ello debería compensar la afectación por menores exportaciones de su potente sector automoción.
Divisas: Baja exposición a dólar, ya que en este entorno el dólar debería depreciarse.
Para concluir, solo recordar que ante un escenario incierto como el actual, sin visibilidad en el corto plazo, no deben tomarse decisiones precipitadas.
No se trata de adivinar el próximo movimiento, sino de construir carteras resilientes para cumplir el objetivo en el horizonte temporal marcado.
Buscando aprovechar las oportunidades que nos genera el ruido del corto plazo y así generar rentabilidad en el largo plazo.