Visión de mercados septiembre 2025
Durante el mes de agosto, aún a medio gas por las vacaciones, los mercados financieros continuaron con su trayectoria alcista.
Un sentimiento positivo del inversor, gracias a la publicación de unos datos de crecimiento económico resiliente, una inflación aún bajo control y un sector tecnológico liderado por Nvidia que aún se mantiene fuerte después de la publicación de sus resultados trimestrales, explican esta evolución.
En renta variable, la bolsa global acabó el mes avanzando un 2,36%.
Regionalmente, la revalorización en EE. UU. vino liderada por el sector industrial y las pequeñas compañías, con subidas del 3,20% y el 7% respectivamente. En el encuentro de banqueros centrales de Jackson Hole, Jerome Powell, presidente de la FED, abrió la puerta a una posible bajada de tipos de interés para la reunión de este septiembre.
Europa se quedó algo rezagada, con una subida del 0,98%.
Destacar también Japón, con un 4,1% en el mes, gracias a la consecución de un mejor acuerdo arancelario con EE. UU. y a la publicación de unos mejores datos económicos. China, con una bolsa doméstica aumentando más de un 10% en el mes gracias a nuevas medidas para dinamizar su economía, buenos resultados empresariales y a unos consumidores chinos que también colaboraron con la compra masiva de acciones en bolsa.
En renta fija, el buen momentum favoreció principalmente a la renta fija de menor calidad crediticia, con subidas del orden del 1,53%. La renta fija gobiernos quedó en un 1,42%.
Todo ello conllevó ligera apreciación de la divisa hasta niveles del 1,16.
En resumen, los mercados de renta variable acabaron en máximos del año, mientras que en renta fija los spreads acabaron en mínimos históricos, indicando una percepción del riesgo por parte de los inversores muy baja.
Sin embargo, la situación en los mercados financieros dista mucho de ser un reflejo del panorama actual, donde la incertidumbre o prima de riesgo se mantiene con diversos frentes abiertos:
● Política arancelaria:
El panorama aún no está totalmente despejado ya que aún no hay acuerdo recíproco entre EE. UU. y China, una de las potencias mundiales. Actualmente mantienen una moratoria vigente de 90 días, hasta el 10 de noviembre, con la que EE. UU. busca proveerse para la temporada navideña.
Mientras, China no se ha quedado quieta. Además de aplicar una política fiscal y monetaria más laxa para estimular el consumo interno, ha cambiado prioridades:
Anunciando, a finales de julio, un plan “anti involución”. Este plan busca combatir la “inflación y la competencia improductiva” a través de la consolidación industrial, la reducción de la capacidad ociosa y la reorientación de las inversiones hacia la calidad y la innovación. Pretende promover un desarrollo más sostenible, enfocándose en industrias como la del acero, los metales no ferrosos, los petroquímicos, los materiales de construcción y los nuevos vehículos energéticos, además de la tecnología.
Mientras en EE. UU. se busca un “rejuvenecimiento manufacturero”, en China se da el proceso contrario. Todo ello impulsará la demanda estructural de ciertos metales, como las tierras raras, de las cuales China dispone actualmente del 70% y que son uno de los motivos de disputa con EE. UU. para llegar a un acuerdo. Trump afirmó que China debe garantizar el flujo continuo de imanes de tierras raras o se enfrentará a aranceles de hasta el 200%.Informando oficialmente, el 27 de agosto, de un plan para triplicar la producción de chips de inteligencia artificial para 2026, a través de la construcción de nuevas fábricas de Huawei y SMIC, con el objetivo de dejar de depender de Nvidia.
Redirigiendo sus exportaciones hacia otras regiones como Europa, o mediante los acuerdos logrados en los últimos meses, siendo el más reciente la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái, donde reforzó lazos con India y Rusia.
En el caso de la India, este mes de agosto ha pasado de ser uno de sus principales socios a todo lo contrario, tras la imposición de un arancel recíproco del 50% como medida de presión por las compras de petróleo ruso.
● Política fiscal:
En Europa, la incertidumbre política se mantiene elevada. En Francia, el primer ministro se presentará a una moción de confianza este próximo lunes 8 de septiembre, después de no conseguir el apoyo mínimo para sacar adelante sus recortes presupuestarios, con los que busca reducir un déficit del 6%. Si no lo consigue, el país podría verse abocado a elecciones presidenciales anticipadas, en un contexto de descontento al alza y posible multa del FMI.
En EE. UU., seguimos pendientes de la aplicación de la One Big Beautiful Act y su posible impacto en la deuda.
Además, en la segunda parte del año, EE. UU. debe refinanciar deuda equivalente al 32% del PIB. El aumento del déficit y de la carga de la deuda en todo el mundo desarrollado supone un impedimento para el crecimiento futuro.
En mercados emergentes, por el contrario, el menor nivel de deuda favorece nuevos planes de estímulo al crecimiento interno. En la India, este mes se aprobaron nuevas medidas de rebaja fiscal para la clase media.
Además, la agencia de rating S&P subió su calificación de BBB- a BBB, destacando la resiliencia económica del país y, sobre todo, una política fiscal consolidada. Es la primera subida en 18 años.
● Cambios geopolíticos:
Este cambio hacia el proteccionismo en EE. UU. está obligando a reorganizar la cadena de suministro, lo que conlleva nuevas relaciones y acuerdos entre países.
Ejemplos de ello son la Organización para la Cooperación de Shanghái, cuyos integrantes conforman más del 42% de la población mundial. Entre ellos se encuentran Rusia, China, India, Pakistán o Arabia Saudí. En la reunión celebrada a finales de agosto, han intensificado su papel como foro alternativo de cooperación económica y de seguridad, fortaleciendo los acuerdos entre ellos.
También los aranceles de EE. UU. están llevando a India y Brasil a explorar un mayor comercio de crudo, y a Europa a acelerar las negociaciones comerciales con el Mercosur.
● Política monetaria:
El inicio del fin del ciclo de bajadas en Europa o en EE. UU., una FED en modo pausa con una visión más prudente y con una independencia monetaria cuestionada por los intentos de Donald Trump de dominar el órgano de poder de la Reserva Federal, añaden incertidumbre y mantienen un enfoque más conservador.
En cambio, algunos mercados emergentes han iniciado la senda de bajada de tipos de interés como otro mecanismo para estimular sus economías. En Japón, en cambio, persiste la incertidumbre ante una posible subida de tipos de interés por parte del BOJ.
Todo ello, sin olvidarnos de los conflictos abiertos en Gaza o Ucrania.
Con este nuevo marco global casi definido (siempre y cuando las medidas sean declaradas legales por el Tribunal Supremo y no haya nuevos anuncios por parte de Trump), las empresas ya contarán con cierta estabilidad y un entorno más normalizado para recalibrar sus estrategias, reorganizar las cadenas de suministro, las políticas energéticas y las inversiones.
Mientras tanto, toca ser prudentes ante unas valoraciones en máximos históricos en renta variable y unos diferenciales de crédito en mínimos, reflejando, como se ha comentado, un sentimiento inversor con una baja percepción del riesgo.
Destacar que el impacto de las políticas arancelarias podría manifestarse en la segunda parte del año, con efectos sobre el crecimiento del empleo, la inflación y el gasto de los consumidores.
En un mundo de incertidumbre y volatilidad, la evolución de la tecnología, la concentración de los índices y el nuevo marco geopolítico exigen nuevas estrategias.
Hoy, los inversores buscan diversificación global, soluciones personalizadas y anticiparse a tendencias.
El reto para construir carteras sólidas está en saber adaptarse.
La ventaja de una planificación estratégica, centrada en un determinado horizonte temporal y ajustada al nivel de riesgo definido por el inversor, ayuda a aportar tranquilidad, alejando el ruido del corto plazo. En una cartera diversificada por distintas clases de activo, los riesgos proceden de diferentes fuentes y, por ende, también las oportunidades o fuentes de alfa con las que poder trabajar.
En nuestro caso, serían tres las principales, expuestas a continuación:
1) Renta Fija
Mientras que los mercados de renta variable se enfrentan a posibles factores adversos —entre ellos, unos precios que descuentan un escenario benévolo—, la renta fija vuelve a ser una clase de activo interesante para reducir el riesgo, en particular porque prevemos que la correlación entre renta variable y renta fija seguirá normalizándose a la baja.
Tal como hemos comentado en otros informes mensuales, cada vez resulta más complicado prever la evolución de la renta fija a largo plazo, dado el enfoque más prudente de los bancos centrales ante el riesgo de incremento de la inflación o el riesgo fiscal.
Sin embargo, el corto plazo continúa ofreciendo rentabilidades atractivas asumiendo bajo riesgo, mientras los inversores demandan una mayor compensación por el riesgo de inflación en el largo plazo.
La curva se va normalizando.
El crédito a corto plazo puede funcionar como una clase de activo eficaz para gestionar la volatilidad, gracias a sus sólidos fundamentales y fuerte resiliencia.
Es poco probable que la rentabilidad de la renta fija se vea impulsada por la compresión de tipos o diferenciales, pero el carry, que se encuentra en niveles históricamente altos, proporciona una base sólida para las rentabilidades esperadas.
En este contexto, la renta fija sirve de cobertura frente al riesgo de la renta variable, dado su carácter defensivo, su diversificación regional y las interesantes oportunidades en selección.
2) Renta Variable
Desde las políticas orientadas a incrementar la inversión interna en EE. UU. o el intervencionismo estatal en China, hasta los vastos programas de infraestructuras en Asia o defensa en Europa, los gobiernos están trabajando para estimular sus economías domésticas tras haber comprobado la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro por el Covid-19 y la guerra de Ucrania, así como el impacto de las políticas arancelarias de Trump.
Este crecimiento global, impulsado por la “nueva revolución tecnológica”, tiene como motores la inteligencia artificial y las energías limpias.
La inteligencia artificial (IA) conlleva una mejora de la productividad, ayudando a las empresas a ser más eficientes en costes y energía, al tiempo que aumenta sus oportunidades de expansión de ventas mediante la personalización, por ejemplo.
Actualmente, estamos aún en una fase temprana, con grandes inversiones que hasta ahora han impulsado principalmente la infraestructura (semiconductores, centros de datos) y la tecnología (plataformas en la nube, big data o ciberseguridad) necesarias para su desarrollo.
A partir de ahora, se abre un amplio abanico de aplicaciones, prácticamente trasladables a cualquier sector: manufactura, logística, agricultura o farmacéutico, entre otros.
Todos estos cambios también han impulsado temáticas con un crecimiento estructural de fondo, como la desglobalización y la descarbonización.
3) Divisas
Este nuevo orden también comporta cambios en la evolución de las divisas, en tanto que pueden amortiguar el impacto de los aranceles.
Esto es lo que hemos visto con la depreciación del dólar, que compensa en parte los mayores aranceles en EE. UU., perjudica a Europa y beneficia a las monedas emergentes.
Trump, por su parte, busca un dólar débil, ya que la reactivación de la industria manufacturera requiere una moneda más competitiva.
También lo hemos visto en China, con la manipulación de su moneda, manteniendo la estabilidad del tipo de cambio CNY-USD para provocar la devaluación del yuan frente al resto de divisas.
Cuando quedan cuatro meses para acabar el año, con las bolsas de EE. UU. habiendo casi recuperado el terreno perdido frente al resto de mercados y una renta fija plana, el diferencial este año lo marca la divisa dólar.
Desde diciembre de 2022 hasta finales de 2024, el dólar se había mantenido en un rango de cotización entre 1,05 y 1,10, pero desde la llegada de Trump al poder, la moneda se ha ido depreciando hasta alcanzar niveles de 1,1686 el 29 de agosto.
Con ello, EE. UU. busca contrarrestar en parte el efecto de los aranceles.
Esto, que resulta positivo para Norteamérica, implica todo lo contrario para Europa:
● En términos macroeconómicos:
La apreciación del euro implica previsiblemente una menor demanda externa y una pérdida de competitividad para las exportaciones europeas.
● En términos de rentabilidad financiera:
Excepto en los casos en que el inversor haya cubierto la divisa, esta depreciación supone una caída del 12,86% en la rentabilidad de la exposición al dólar dentro de su cartera, mientras que el resto de activos financieros acumulan rentabilidades positivas desde principio de año.
Por tanto, esto se traduce en pérdidas en las estrategias globales de gestión pasiva indexadas —donde aproximadamente un 60% está expuesto a la divisa dólar— o en las estrategias de renta fija global no cubierta.
Este año, un inversor con exposición a renta variable Global ganaría un 15,02% en dólares. Si lo pasamos a euros, esta ganancia se reduce a solo un 2,02%
Sólo en el caso de haber tenido el dólar cubierto, protegiendo al inversor del tipo de cambio, la ganancia hubiera sido del 10,004%.
Un pequeño pero significativo detalle.