Visión de mercados mayo 2026
La principal preocupación para los mercados y para la economía mundial a principios de mes estuvo centrada en la reanudación del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz por donde circula un 20% del tráfico de petróleo y gas global. La era de comercio global sin riesgo y barato ya no existe, yendo a una mayor prima de riesgo en energía, transporte y seguros, junto con un aumento de la inflación y un potencial efecto en el crecimiento.
La dispersión de los beneficios dependerá de la capacidad de las empresas para mantener la demanda y repercutir los costes y con ello el traslado a la economía. Si bien la mejora de las condiciones geopolíticas sostiene el sentimiento a corto plazo, el estrecho se mantiene cerrado y los sectores orientados al consumidor siguen expuestos al aumento de los costes de la energía y el transporte. A menos que se produzca una crisis de demanda significativa, es probable que persista una inflación moderada y en este sentido las tensiones en el mercado laboral y el crecimiento de los salarios contribuirán a la repercusión de los costes.
A mediados de mes, el foco de atención dejó de ser el estrecho de Ormuz para centrarse en la publicación de los resultados empresariales del primer trimestre 2026, motor de la economía en el largo plazo.
A fecha 4 de mayo, con un 80% de las empresas del S&P500 ya reportadas, incluidas algunas de las 7 magníficas, el crecimiento del beneficio por acción se sitúa en el 28% cuando se esperaba un 14%, con un 84% de las empresas batiendo estimaciones. Dada la fortaleza de los datos, parece que la capacidad para capear la crisis por ahora es más elevada de lo esperado. Sin embargo, observado con mayor detalle, una menor tasación a las empresas procedente de la OBBBA ha ayudado, al igual que la expansión de márgenes y las re-compras. Además, este crecimiento se ha concentrado exclusivamente en un pequeño grupo de empresas del sector tecnológico. Esta concentración tan significativa exige una gestión activa del riesgo: la menor vida útil de los chips, el mayor coste de los centros de datos, los cuellos de botella o mayor disrupción con la aparición de nuevos modelos o aplicaciones son restricciones que deben tenerse en cuenta. Una vez estos catalizadores ya no estén, los resultados deberían ser fuente del crecimiento orgánico y de la productividad, por lo que la revisión de los beneficios por acción debería ser más baja.
La dispersión que el shock energético y sus consecuencias está teniendo en la evolución de las empresas ya se está visualizando en las rentabilidades tanto por sectores como por regiones.
Los mercados emergentes este mes han tenido una rentabilidad del 14,53% en moneda local, pero en Asia la diferencia en cuanto al mejor (Corea 33,84%) y uno de los peores, Indonesia (MSCI Indonesia -6,24%) es del 40,08%, una muy alta dispersión. En cuanto a sectores, este mes ha vuelto el “excepcionalismo” americano con el sector tecnológico como motor de las rentabilidades después de la publicación de muy buenos resultados en la mayoría de los casos. Por ejemplo, el sector semiconductor alcanzó una rentabilidad en el mes del 28,35%.
En general, la renta variable global (índice MSCI ACWI) se revalorizó un 10,03% en el mes liderada por el componente tecnológico con subidas por encima del 14% tanto en EEUU (índice S&P500), como Japón (16,10% índice Nikkei) o emergentes (14,53% índice MSCI Emergentes). Solo Europa quedó más rezagada con un 4,83% de revalorización (índice Stoxx 600).
En este contexto tener en cartera convicciones de crecimiento estructural tiene sentido ante la imprevisibilidad de Trump y sus políticas. Algunas de ellas son las vinculadas a grandes transformaciones económicas como la inteligencia artificial, las infraestructuras (sobre todo electrificación), recursos naturales o países con drivers estructurales propios como serían Brasil o China, menos afectados por la incertidumbre reinante.
Los activos de riesgo están descontando un escenario base positivo de finalización del conflicto. Sin embargo, el riesgo está desequilibrado ya que el potencial de caída si hay mayor escalada es mayor que la potencial subida si hay resolución después de los máximos históricos alcanzados por los mercados en las últimas semanas.
En cuanto a renta fija, este mes de abril se reafirmó el desplazamiento del papel tradicional de los bonos como activo refugio al estar centrada la preocupación del mercado en la inflación y no en el ciclo económico. Con ello las correlaciones entre los activos de riesgo y los activos refugio volvieron a ser positivas. En este contexto definido por una persistente inflación, con una mayor incertidumbre, elevado nivel de deuda y mayores expectativas de subidas de tipos de interés, los inversores reasignaron el rol de los activos en sus portfolios. Un activo que sí ha funcionado en este entorno son las infraestructuras gracias a ser un activo real, con flujos de caja regulados, ligados a servicios esenciales. Genera ingresos independientemente del entorno. La creciente demanda de electricidad es el eje central, impulsada por la convergencia de varias tendencias: transición energética, electrificación de la economía, desarrollo de centros de datos y auge IA.
Como exportador neto de energía EEUU está menos expuesto a los aumentos de precios del petróleo y gas procedentes del conflicto iraní con una menor afectación en la inflación y el crecimiento. Ante este menor impulso inflacionario los mercados han descontado en esta región un escenario menos restrictivo que en Europa o Asia donde se espera puedan aumentar los tipos de interés. Se considera que EEUU podría mantener e incluso bajar los tipos de interés a lo largo del año. En cambio, según las previsiones de mercado, tocaría subirlos en Europa o Asia, más afectados. Así ya ha sido por ejemplo en Filipinas, donde, con una inflación en el mes subiendo por encima del 7% ha endurecido su política monetaria para atajarla. Europa por ahora se resiste a subirlos aprovechando que el mercado ya ha endurecido los rendimientos ante un crecimiento en el trimestre de solo un 0,1%.
En este contexto, posiciones que protejan de la inflación sin afectación a subidas de tipos de interés tienen sentido, como la renta fija a tipo flotante.
En cuanto a crédito, los diferenciales han vuelto a la situación previa al conflicto, un escenario lógico si el conflicto se acaba en un plazo corto de tiempo con un impacto económico limitado. Con ello, el balance corporativo se mantendría resiliente. Sin embargo, no debemos descartar un posible escenario bajista por lo que se mantiene un enfoque hacia la calidad en el segmento de crédito y corto plazo para ayudar a mitigar el posible ensanchamiento de diferenciales si se confirmase. Los bonos gobierno a largo plazo sí ofrecerían protección en caso de desaceleración significativa del crecimiento por lo que mantenemos una ligera posición en las carteras. Añadir, que el valor de los bonos gobierno también procede de su liquidez, disponer de ella en periodos volátiles, cuando los mercados son más ilíquidos es importante para no malvender o para aprovechar oportunidades/distorsiones.
Con ello en el mes el índice global Bloomberg de renta fija gobiernos dio un -0,44% en euros mientras que, en la situación de “risk on” actual, la renta fija corporativa de baja calidad fue el activo dentro del espectro de renta fija con una mayor rentabilidad aportando en el mes un 0,75% (índice Bloomberg global high yield en euros).
Por otro lado, otro foco de preocupación son los activos alternativos donde la transferencia de riesgos del informado al no informado es elevada con un mayor estrés en los activos alternativos derivados de los vehículos semi líquidos dentro del crédito privado.
En este entorno el dólar se depreció un 1,54% y el oro perdió un 1,08% de valor.
Por tanto, el optimismo general, es consecuencia de unos tipos de interés, algo más presionados pero que por ahora se mantienen, unos resultados financieros que, aunque concentrados en un sector han batido estimaciones y una liquidez que aún es bastante abundante.
Sin embargo, esta excesiva complacencia debe confrontarse con unos precios del petróleo elevados junto con una disrupción de oferta con consecuencias que se van trasladando a la economía en forma de mayores costes para las empresas y disrupciones en las cadenas de suministro sin llegar, por ahora, a afectar significativamente al consumidor final. Si tuviera mayor impacto podría afectar a la confianza del consumidor y con ello a la demanda.
También como hemos visto, los resultados empresariales están acompañando, aunque con un crecimiento concentrado en un solo sector, el tecnológico. La confianza en la IA y su monetización deberían poder mantenerse. Sin ella, el crecimiento económico sería más débil en EEUU pero también en Europa y Asia donde están sus principales proveedores.
En cuanto a política monetaria, EEUU podría centrarse más en la sostenibilidad fiscal. EEUU tiene demasiada deuda y sesgada al tramo corto, por ello necesitaría rebajar tipos. Además, unos tipos más altos no hacen sino presionar más a empresas y particulares con unos costes más altos, que, se añaden a la inflación procedente del conflicto iraní. Una bajada de tipos aportaría también más liquidez al sistema y más tranquilidad a Trump ante las próximas elecciones.
Si cualquiera de estos tres motores: resultados empresariales, política monetaria o liquidez, se debilitara la evolución de los mercados financieros podría ser otra.
En cualquier contexto de cambio, las empresas tienden a adaptarse, redistribuyendo valor de unas a otras para volver a impulsar su crecimiento. Hemos visto ejemplos recientes: la crisis provocada por la pandemia en 2020 que provocó una caída del 33,61% en los mercados o el impacto de la guerra en Ucrania, con un descenso del 25,46%. A pesar de estas correcciones, el mercado global continuó demostrando su capacidad de recuperación: en los últimos diez años, la bolsa mundial ha generado una rentabilidad promedio anual del 13,32%.
Para el inversor, la cuestión no radica en intentar anticipar el siguiente movimiento del mercado, sino en definir con claridad su nivel de riesgo y su horizonte temporal. Aproximadamente un 80% de la rentabilidad de su cartera dependerá de estas dos decisiones estratégicas.
Con una planificación adecuada, respetando su perfil de riesgo y horizonte de inversión, las fluctuaciones del mercado dejan de ser amenazas y se convierten en simples obstáculos temporales en el camino hacia la consecución de unos objetivos financieros preestablecidos. La estrategia más eficaz es mantener la disciplina y dejar que el mercado siga su curso, concentrándose en lo que realmente influye en los resultados: la planificación y la consistencia.