Informe de mercados – T2 2026
Evolución de los mercados
Durante el segundo trimestre de 2026, los mercados financieros mostraron una evolución positiva a pesar de la incertidumbre provocada por los conflictos geopolíticos. La reducción de las tensiones en Oriente Próximo y el descenso del precio del petróleo favorecieron un mayor optimismo entre los inversores. Además, el fuerte crecimiento de la inversión en inteligencia artificial (IA) impulsó especialmente al sector tecnológico, que volvió a liderar las subidas bursátiles.
Renta variable
Las grandes empresas tecnológicas estadounidenses aumentaron sus previsiones de inversión en infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial y a los centros de datos, reforzando así las expectativas de crecimiento de los beneficios empresariales.
Como resultado, la renta variable de los mercados desarrollados registró una subida del 14 %. Destacó especialmente el mercado estadounidense (S&P 500), con una rentabilidad del 14,87 %, liderado por el sector tecnológico (Nasdaq), que avanzó un 27,53 %, apoyado en unos resultados empresariales superiores a lo esperado y en el continuo impulso de la inteligencia artificial.
Europa (Stoxx 600) quedó algo más rezagada, con una revalorización del 13,62 %, gracias a la mejora de la confianza económica. Por su parte, Japón avanzó un 37,21 %, impulsado por la fortaleza de su economía y por las inversiones y reformas empresariales promovidas por su Gobierno.
Los mercados emergentes también obtuvieron resultados positivos, con una rentabilidad del 13 %, impulsados principalmente por las compañías de semiconductores y tecnología, especialmente en Corea del Sur y Taiwán.
Las empresas de crecimiento (growth) superaron claramente a las empresas de valor (value), mientras que las compañías de pequeña capitalización también se beneficiaron del auge de la inteligencia artificial.
Renta fija
En renta fija, el comportamiento fue más moderado. Aunque la incertidumbre sobre la inflación y la evolución de los precios de la energía limitó las ganancias, el mercado cerró ligeramente en positivo gracias a la mejora de los resultados empresariales y a la reducción de los diferenciales de crédito. En este contexto, el índice Bloomberg Barclays Global Aggregate, en moneda local, obtuvo una rentabilidad trimestral del 0,87 %.
Durante el periodo, los bancos centrales continuaron desempeñando un papel clave. El Banco Central Europeo volvió a subir los tipos de interés tras casi un año de pausa, mientras que la Reserva Federal estadounidense los mantuvo estables, aunque adoptando un tono prudente ante la evolución de la inflación. Por su parte, el Banco de Japón continuó endureciendo su política monetaria debido al crecimiento de los salarios y de los precios.
Las materias primas registraron un trimestre más débil. El petróleo cayó con fuerza tras la reducción de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, mientras que el oro y otros metales preciosos perdieron atractivo. En cambio, los metales industriales avanzaron gracias a la elevada inversión en infraestructuras y tecnología.
En este contexto, el dólar se apreció un 1,13 % gracias al mejor comportamiento de la economía estadounidense frente a la europea.
Un nuevo orden económico mundial
El pasado 4 de julio, Estados Unidos celebró el 250.º aniversario de su independencia. Ese día, las trece colonias británicas de América del Norte proclamaron formalmente su separación del Imperio británico para constituirse como una nueva nación soberana: los Estados Unidos de América.
Desde entonces, valores como la innovación, la creatividad, la productividad, la libertad o el emprendimiento, junto con las sucesivas revoluciones tecnológicas —siendo la inteligencia artificial la más reciente—, han constituido el principal motor del crecimiento económico y de la generación de riqueza de una economía basada fundamentalmente en el consumo.
Con el paso del tiempo, Estados Unidos fue desplazando progresivamente la producción de bienes hacia otros países, importando posteriormente los productos terminados.
Como consecuencia, se consolidó como el mayor importador mundial de bienes, manteniendo déficits comerciales con la mayoría de sus socios comerciales. Estos países exportadores reinvertían buena parte de sus excedentes en activos estadounidenses, ya que la mayor parte del comercio internacional se realiza en dólares y el mercado estadounidense continúa siendo el más líquido, profundo y estable del mundo, además de representar el mayor peso dentro de los índices globales de renta variable.
Estas entradas de capital favorecieron la revalorización de los activos estadounidenses, generando un efecto riqueza entre los inversores nacionales que, a su vez, permitió sostener un mayor nivel de consumo e importaciones. Sin embargo, este modelo comienza ahora a mostrar signos de cambio.
La nueva política económica impulsada por Donald Trump tras el denominado «Día de la Liberación», basada en la imposición de aranceles recíprocos para reducir los déficits comerciales y en una estrategia más proteccionista orientada a reforzar la soberanía energética e industrial, está empezando a tener efectos en los flujos de comercio:
1) En primer lugar, la incertidumbre y la imprevisibilidad de estas políticas están favoreciendo una repatriación de capitales desde Estados Unidos hacia sus países de origen. En Taiwán, por ejemplo, las oportunidades de inversión doméstica comienzan a resultar más atractivas gracias a la introducción de incentivos fiscales, lo que reduce el flujo de inversiones hacia Estados Unidos. Este fenómeno adquiere especial relevancia si se considera que los activos extranjeros en manos de inversores taiwaneses representan el 388 % de su PIB, concentrados principalmente en fondos de pensiones y empresas exportadoras.
2) En segundo lugar, muchos de estos países están impulsando políticas destinadas a atraer el ahorro nacional hacia sus propios mercados financieros, con el objetivo de dinamizar sus economías y reforzar su capacidad productiva. Alemania constituye un claro ejemplo de esta tendencia tras anunciar importantes inversiones en infraestructuras y defensa.
3) Asimismo, diversos países están introduciendo reformas regulatorias orientadas a mejorar la gobernanza corporativa, aumentar la transparencia y fortalecer la retribución al accionista para atraer nuevas inversiones.
El programa Value Up, impulsado en Corea del Sur, está logrando que los grandes conglomerados adopten políticas más favorables para los accionistas y nuevos esquemas de remuneración variable. Entre ellos destaca la propuesta de Samsung y SK Hynix de vincular los incentivos de sus empleados al 10 % del beneficio operativo. Según Bloomberg, ambas compañías podrían generar conjuntamente alrededor de 166.000 millones de dólares de beneficio operativo este año, una cifra equivalente aproximadamente al 22 % del PIB surcoreano del año anterior. Una parte significativa de estos ingresos podría terminar reinvirtiéndose en el mercado doméstico gracias a los incentivos fiscales existentes.
Japón, Malasia, Taiwán, Tailandia y China también avanzan en esta misma dirección. En el caso de China, la nueva ley aprobada a finales de 2024 persigue incentivar la remuneración al accionista y fortalecer la confianza de los inversores.
4) Por otro lado, las tensiones en el estrecho de Ormuz y la política proteccionista de Estados Unidos han llevado a numerosos países a diversificar sus cadenas de suministro, reforzar la cooperación regional y aumentar sus inversiones en defensa, seguridad energética y resiliencia industrial. En Asia destacan especialmente los esfuerzos de China e India por consolidarse como potencias regionales, reduciendo progresivamente la dependencia económica respecto a Estados Unidos.
Todo ello está modificando la dirección de los flujos internacionales de capital. El exceso de ahorro mundial que tradicionalmente se canalizaba hacia activos estadounidenses, favorecido por unos tipos de interés relativamente elevados y un mayor crecimiento económico, podría reducirse de forma gradual, acelerando una rotación hacia otras regiones.
El sector público también desempeñará un papel cada vez más relevante en esta redistribución del capital, ya que un entorno político más incierto obliga a los gobiernos a incrementar el gasto en infraestructuras, defensa y políticas industriales.
La evolución del comercio internacional refleja igualmente este cambio. En el año 2000, Estados Unidos era el principal socio comercial de más del 80 % de las economías del mundo. En la actualidad, esa cifra se sitúa por debajo del 30 %.
Este nuevo orden económico también está transformando la forma de construir las carteras de inversión. En un entorno dominado por una única gran temática —la inteligencia artificial y todas sus derivadas, como las infraestructuras digitales, la robótica o la ciberseguridad— y con una elevada concentración en los principales índices bursátiles, el hecho de que más del 50 % del patrimonio mundial se gestione mediante estrategias pasivas incrementa el riesgo en momentos de incertidumbre, al no incorporar un análisis fundamental de las compañías.
En la práctica, una parte muy significativa del mercado depende de un único factor: que el desarrollo de la inteligencia artificial continúe evolucionando favorablemente.
En este contexto, diversificar hacia otras temáticas y regiones que se beneficien de los nuevos flujos de capital, impulsados por la inversión pública, las políticas favorables al accionista, las mejoras en la gobernanza corporativa y las estrategias destinadas a reforzar la soberanía económica, constituye una oportunidad para construir carteras más equilibradas y resilientes.
Comprender hacia dónde se dirigen los flujos internacionales de capital será clave para anticipar los cambios en el liderazgo de los mercados e identificar las principales oportunidades de inversión.
La celebración del 250.º aniversario de Estados Unidos coincide, por tanto, con un momento de profunda transformación del orden económico mundial. Aunque el país busca reafirmar su liderazgo mediante políticas orientadas a fortalecer la inversión, la industria y la innovación, la aparición de nuevos polos de crecimiento y la reconfiguración de los flujos globales de capital evidencian que dicho liderazgo ya no puede darse por garantizado.
En este nuevo escenario, los inversores deberán complementar su exposición al mercado estadounidense con una visión más amplia y diversificada, capaz de identificar aquellas regiones y sectores donde los nuevos flujos de capital puedan impulsar la próxima fase de crecimiento económico.